chiquilín de bachín

—El mundo es la suma del pasado y de lo que se desprendió de nosotros— Novalis

domingo, febrero 19, 2006

Oui, oui


Yo, de joven, quisiera ser como él.

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13 Comments:

At 7:11 p. m., Blogger Laumagog said...

Dos películas muy buenas, por cierto, a ver si tardan menos de nuevo años en rodar "Antes del anochecer".

 
At 12:03 a. m., Blogger romi.ba said...

Por?

 
At 12:27 a. m., Blogger Laumagog said...

Porque entre el estreno de "Antes del amanecer" y de su segunda parte, "Antes del atardecer" (película a la que pertenece el fotograma que ha colgado Fabri) pasaron nueve años, en la realidad y también en la ficción. Son dos películas con mucho encanto, mágicas, y sería una pena tener que esperar nueve años más para poder disfrutar de la tercera parte, que muy probablemente se titularía "Antes del anochecer". Más o menos de ese modo termina la crítica cinematográfica que se publicó en La Vanguardia cuando se estrenó "Antes del atardecer":

REENCUENTRO EN PARÍS

ASTRID MESEGUER - 27/10/2004 -

Verano de 1994. El norteamericano Jesse (Ethan Hawke) y la francesa Celine (Julie Delpy) se conocen en un tren y tras surgir en ellos una química especial deciden pasar una noche inolvidable paseando por las calles de Viena. Tienen 23 años y una pasión común por explorar lo espontáneo y lo inesperado de la vida. Durante 24 horas desnudan abiertamente sus sentimientos, sus sueños, sus miedos, lo que pretenden ser y hacer en la vida. La conexión entre ellos es total y prometen encontrarse de nuevo seis meses después en la misma estación de tren en la que se dicen adiós a regañadientes.

Richard Linklater, fiel heredero del universo rohmeriano, nos dejó con ese final intrigante en "Antes del amanecer" y ahora, nueve años más tarde, vuelve a reunir a nuestros protagonistas en una librería de París, con motivo de la presentación de la novela de Jesse, un "pequeño best seller" basado en el recuerdo de ese fugaz amor de juventud. El reencuentro entre ambos, con la excitación propia de dos seres que se han entregado intensamente, no deja de resultar inquietante. Celine le recibe con dos besos en la mejilla, se muestra algo distante y desconfiada. Jesse, por el contrario, reacciona al verla con entusiasmo desbordante. En un principio les cuesta actuar con naturalidad, y es que ha pasado mucho tiempo desde aquel primer beso en lo alto de una noria con el paisaje nocturno vienés como único testigo de un amor que acababa de nacer.

Otra vez las prisas marcan su encuentro. Jesse ha de coger un avión de regreso a Estados Unidos y sólo disponen de poco más de una hora para volver a pasear juntos, esta vez por las callejuelas y parques parisinos, a orillas del Sena, y comprobar si puede rebrotar en ellos la llama que un día encendió sus vidas. Ambos pasan la tarde recordando lo acontecido en la capital austriaca y preguntándose por qué no intercambiaron entonces algo tan simple como sus números de teléfono. Celine no pudo acudir a la cita porque ese mismo día enterraban a su abuela. Y Jesse, solo y abandonado, pensó que su vida había perdido ya todo sentido. "Puede que nos hubiésemos odiado con el paso del tiempo", se disculpa ella. Un destino caprichoso hizo entonces su aparición de forma inesperada en Viena, pero ahora parece tratar de remediar de igual modo el mal causado en París.

Ambos personajes han madurado y también se han vuelto más escépticos. El otrora cínico americano se ha transformado en un soñador romántico, mientras que el corazón sensible de la francesa se ha endurecido a base de decepciones.

Celine vive ahora en París. Trabaja en una ONG y mantiene una relación esporádica con un reportero gráfico. Jesse vive en Nueva York, está casado y tiene un hijo, aunque su matrimonio está en plena crisis, al borde del divorcio. En un recorrido estimulante por la capital del amor, en tiempo real, el director va siguiendo a nuestros protagonistas con travellings frontales y discretas panorámicas mientras ellos, enfrascados en su larga conversación, abordan infinitud de temas en los que, entre otros, sale a relucir la pérdida de ilusiones que acarrea la madurez y la postura cambiante que adoptamos frente al amor con la edad.

"Antes del atardecer" es una reivindicación de la palabra en el cine. Los espectadores son cómplices ineludibles de unos personajes que hablan en lugar de actuar, que sienten y se emocionan, y que se muestran con naturalidad mientras saborean cada segundo de su diálogo romántico-pseudointelectual. El amor es la esencia de una historia, en la que tanto o más que lo que se cuenta, está lo que se observa: un lenguaje no verbal en el que los gestos de los protagonistas mientras hablan, sus sonrisas y los cruces de miradas furtivas expresan una unión que nunca se acabó de romper pese al paso del tiempo y la distancia, un lazo secreto que se ha mantenido intacto en todo momento.

Tal vez lo que Linklater nos quiere dejar claro con esta hermosa y sincera película es que hay un momento en la vida en el que o bien hacemos que ocurra algo o bien algo muere en nosotros para siempre. La expresión Carpe Diem ("aprovecha el momento") de la que hiciera gala el actor Ethan Hawke en la aclamada "El club de los poetas muertos", parece recobrar aún más fuerza en el momento en que su personaje está en el apartamento de Celine y le pone una canción de la desaparecida Nina Simone con el sugerente título de "Just in time" ("Justo a tiempo").

¿Habrá un "Antes del anochecer"? Parece que director e intérpretes están recopilando ideas para un tercer guión que volverá a ser coescrito por los tres. Como sugerencia, desde esta modesta columna, me atrevo a lanzar una única petición con la que supongo convendrán muchos de los seguidores de esta peculiar pareja de enamorados, valedora de toda una generación de jóvenes confundidos: ¡No nos hagáis esperar nueve años más!.

 
At 12:52 a. m., Blogger Chiquilín de Bachín said...

Creo que Romina preguntaba por qué quiero ser como Jesse, laumagog :-)
Si esa fue su pregunta, deberá ver las películas para entenderlo :-)

En otro orden de cosas, creo que no hace falta un Antes del anochecer, me parece que la secuela se puede terminar ahí, con ese final abierto y ambiguo. Eso estaría bien. Pero caso contrario, yo también espero que no tarden nueve años más ;-)

Por cierto, laumagog, ¿alguna idea de dónde sacar el programa de cartelera del Méliès? Busqué por internet, pero la página que encontré está muy desactualizada.

 
At 10:35 a. m., Blogger Laumagog said...

A mí me lo envían cada semana por e-mail. Si dejas tus datos en taquillas recibirás la información cada semana. Los Méliès están en la calle Villarroel entre Consejo de Ciento y Aragón, subiendo a mano drecha, pasado el teatro Villarroel. El restaurante italiano de enfrente está muy bien, aunque la decoración deje mucho que desear.
Yo he visto varias películas de Ethan Hawke ¿por qué quieres ser como él...? O, si no es exactamente así ¿por qué quieres ser como el personaje de Jesse? Puedo imaginarlo, pero quisiera conocer la respuesta.

 
At 2:14 p. m., Blogger Leopoldo said...

¿¡Final abierto y ambiguo!? Creo que ya está todo dicho.
Yo no sólo quiero ser como él. La quiero a ella también.

 
At 10:24 p. m., Blogger Chiquilín de Bachín said...

laumagog: Chas gracias por la dirección :-) Con respecto a lo de Jesse, me gustan los galancitos pseudointelectuales que publican sus libros en Shakespeare & Co :-)

leopoldo: Convengamos que es menos abierto que el de la primera parte, pero no es un típico happy ending de comedia sentimental, ¿no?

 
At 3:12 p. m., Blogger conde said...

no se si me gustaria ser el, realmente, pero lo que si, me disfrazo de cualquier cosa para que me de pelota Julie Delphy

 
At 1:07 p. m., Blogger Ca said...

uy no. El me pareció un yankiludo....

 
At 2:01 p. m., Blogger Chiquilín de Bachín said...

conde: Sí, esa es la razón definitiva, pero no le cuente a nadie ;-p

ca: No se lo niego. Pero convengamos que un yankiludo con onda.

 
At 2:54 a. m., Blogger romi.ba said...

Debo verlas, entonces...

 
At 4:10 a. m., Blogger Pillow_of_Winds said...

Creo que Jesse puede ser mi hombre ideal. Pena que está casado. ¿No?

 
At 4:10 a. m., Blogger Pillow_of_Winds said...

Qué tonta, cómo si hubiesen hombres ideales...

 

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