chiquilín de bachín

—El mundo es la suma del pasado y de lo que se desprendió de nosotros— Novalis

lunes, febrero 19, 2007

De Daumier-Smith's Blue Period

I tried to visualize the day I would visit her at her convent. I saw her coming to meet me--near a high, wire fence--a shy, beautiful girl of eighteen who had not yet taken her final vows and was still free to go out into the world with the Peter Abelard-type man of her choice. I saw us walking slowly, silently, toward a far, verdant part of the convent grounds, where suddenly, and without sin, I would put my arm around her waist. The image was too ecstatic to hold in place, and, finally, I let go, and fell asleep.

Daumier-Smith es otra muestra más de un alma vieja que Salinger recoge de la imaginería budista. Aún más que Teddy, el adolescente de diecinueve años es un adulto encarcelado en un niño. Ente de ficción, Daumier está insertado dentro de la historia, marcada por la fecha de sus diarios personales y su relación apócrifa con personajes históricos como Honoré Daumier o Pablo Picasso, recordando el Pierre-Menard borgiano, un escritor ficticio insertado en la tradición literaria real. Pero más que un experimento lúdico que versa sobre el ensayo y la ficción, el relato sugiere una tentadora lectura psicoanalítica. Sister Irma recuerda la imagen del artista freudeano que sublima su impulso vital en su pintura. Como de costumbre, Salinger demuestra que es brillante cuando no cae en la crítica anti-clerical fácil y va más allá en la delineación de un personaje que ni siquiera tiene voz en el cuento: Irma, casi una Dulcinea canadiense, no es más que una lectora potencial de las cartas que Daumier escribirá o tirará a la basura y apenas se digna a ¿aparecer? al final de la narración de forma salingereanamente ambigua. Los sentimientos contradictorios del narrrador frente a ella son quizá lo más jugoso del cuento, el epígrafe arriba citado también es otro interesante punto de partida para la lectura psicoanalítica como muestra del deseo lacaniano. La analogía que establece el autor entre su protagonista y Abelardo es, por lo demás, irónica y de una sutileza asombrosa. También es necesario recordar la interesantísima cuestión del profeta fracasado en su tierra, el americano que no se acostumbra a América y ve en Europa el paraíso y la patria perdida a la que irremediablemente pertenecerá: acaso una imagen de Henry James, de T.S. Eliot, de Ezra Pound, acaso una imagen de Salinger mismo.

Sigue Teddy. Elija su camino:
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1 Comments:

At 8:14 p. m., Anonymous Anónimo said...

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