Ñam, ñam...
Un aplauso para j. y M., los mejores cocineros colombianos del Raval, que ayer nos deleitaron con un riquísimo ajiaco, unas deliciosas galletitas de chocolate blanco y una conversación interesantísima.
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—El mundo es la suma del pasado y de lo que se desprendió de nosotros— Novalis
Un aplauso para j. y M., los mejores cocineros colombianos del Raval, que ayer nos deleitaron con un riquísimo ajiaco, unas deliciosas galletitas de chocolate blanco y una conversación interesantísima.
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En el Raval hay skaters, catalanes conchetos, intelectuales, comerciantes filipinos, adolescentes cool, gays progres, latinoamericanos que alardean en todos los acentos imaginables, borrachos, bohemios, turistas franceses, pakistaníes vendedores de cerveza y hachís, putas africanas, catalanes hippies, universitarios italianos de intercambio, policías españoles que alardean en un acento solo, árabes, drogadictos, chinos. Conviven pacíficamente, de momento, todos juntos en la calle. De día y de noche. Yo vivo en un loft remodelado y súper moderno, bien incrustado en uno de los barrios más viejos y tradicionales, en el centro de Barcelona. Arriba el Tibidabo nos vigila.
Hicimos la mudanza a lo largo de toda esta semana, frente a la mirada atenta de dos pintores bolivianos que aún no terminaban con los últimos retoques del techo. Los libros que tenemos en la biblioteca del living son excesivos para nuestra edad. Es posible que no hayamos leído ni la mitad para lo que queda del lustro. No nos importa. Hacemos de cuenta que no. Las estanterías no están de adorno, son el peso de la cultura que tanto queremos que nos pese. El living es grande. Se come las habitaciones. Tampoco nos importa. Pactamos hacer vida en el living. Juliette sonríe silenciosa y me mira atrás de sus anteojos y su largo pelo rubio, mientras sus papás acomodan las últimas cajas de basura para deshacernos de los vestigios de la mudanza. Las paredes están blancas y vacías. Queremos colgar un cuadro: ella propone Tàpies; yo, Velázquez. Está claro que la posmodernidad y el clasicismo no cuajarán jamás. Juliette piensa en comprarse un perro. Mi alergia y mi fobia materna me lo proscriben terminantemente. Intenté convencerla arguyendo que los escritores, desde Baudelaire a Cortázar, tienen una relación metafísica con los gatos. Después me acordé que a lo que soy alérgico es al pelo de animal, además de al perfume de mujer, al polvo —frecuente motivo de burlas—, al polen y a cambios climáticos en general. Que soy un impresentable, digamos. Juliette finge no oír e imagina cuando me mande a sacar el perro por las frías mañanas de otoño que se vienen. Dice que es para hacerle compañía. Necesita como sea combatir la soledad.
Por lo que a mí respecta, un intensísimo verano desfiló subversivamente más allá de mi doble turno laboral, donde ahorré toda la guita que necesitaba. Fue un verano voluntariamente diferente a todos los anteriores. Más real, más vital, más sexual. Un verano con noches llena de caóticas sábanas, poquísimas horas de sueño, llegadas excesivamente tarde al trabajo, camas clandestinamente deshechas, felices ojeras, diálogos que jamás pensé que iba a tener, una difusa mezcla en la que entraba deseo, dolor, cariño, placer, obsesiones, miedos, y un puñado de canciones de Drexler compartidas hasta el amanecer, celebrando aquel edén de solo dos metros cuadrados. Un verano con largas llamadas telefónicas, esta vez a este lado del charco, repletas de dilatados silencios al compás de dos respiraciones sudamericanas que intentaron respirar juntas pero que fueron, claramente, incapaces. El verano se acabó. Evocarlo no es más que una manera estéril de perder mis últimos minutos de recepcionista en este hotel. El verano se fue, no sin antes haberme enseñado innumerables lecciones y haberme dado algo que durante tres años mi vida me venía negando y que por momentos sentí que no me quería devolver más.
Es tiempo de volver a combatir la soledad. Los libros, por ahora, siguen siendo los narcóticos que elijo frente a las mascotas. Ahí está Juliette, que es catalana, intelectual, adolescente, concheta, progre y universitaria. Todo a la vez, tomá pa vos. La flamante y bienvenida compañera de piso, en vez de los ex-cuatro machos que me acompañaron durante un año en Sants. Juliette ordena sus libros, dice, por asociación de ideas. Nada más cercano a un orden surrealista-psicoanalítico. Yo, por supuesto, sigo mi rígido y solemne rigor positivista. Literatura latinoamericana, española, inglesa, italiana, francesa, filosofía, teoría de la literatura. La sensación está en el aire: este año pinta mejor que el anterior, aunque le costará igualarlo. Por lo que a las estaciones se refiere, nada parece indicar que un invierno subversivo no pueda superar este verano eminentemente imborrable.
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I]
Ciudad
ya tan lejana!
Lejana junto al mar: tardes de puerto
y desamparo errante de los muelles.
Se obstinarán crecientes las mareas
por las horas de allá.
Y serán un rumor,
un pálpito que puja endormeciéndose,
cuando asoman las luces de la noche
sobre el mar.
Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.
A veces ola y otra vez silencio.
Jaime Gil de Biedma, «Las afueras (III)»
La rambla Badal es una calle peatonal larga, ancha, espaciosa. Un vecino que me cruzo por las noches en el ascensor la llama «una avenida venida a menos». Cortada por las vías del subte y del tren que me lleva algunos fines de semana a Tarragona, la rambla está llena de pequeños locales y comercios que abastecen una larga y monótona cadena de edificios construídos en la segunda mitad del siglo XX. Es la periferia, o no, o casi. Lo cierto es que geográficamente nos separa de l'Hospitalet del Llobregat, ciudad dormitorio de Barcelona. Lo cierto es que étnicamente es lo más parecido a una torre babélico-posmoderna. Si uno no consigue lo que busca en el Pakistaní —que no sabe de primeros de mayo o de domingos por la tarde y trabaja non-stop-moving-baby-all-day-long—, ahí mismo lo mandan a uno al Filipino que está al lado. Hay *tres* kebabs ¿libaneses? en dos cuadras —en uno, al que vamos siempre, una camarera boliviana vende empanadas salteñas y me discute de qué lado de los Andes son originarias—. A veces hay milanesas de carne. A su encargado morochón lo llaman «El Kaiser», —tiembla el Imperio Prusiano—.
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Este último mes me encontré con j. tres veces: la primera en el Centro de Cultura Contemporánea del barrio del Raval, la segunda en el tren llegando al barrio de Sants y la tercera en la Librería Central también del Raval. Debe sospechar intensamente que lo estoy (per)siguiendo a él y a su señora M. Yo sospecho que somos dos freaks que terminan yendo siempre a los mismos lugares donde se encuentran efímeramente. Barcelona es grande pero no inabastable, querido diario.
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Comentario oído en un bar del Eixample de cuyo nombre no quiero acordarme:
«Es que a este país viene gente que aún está por civilizar».
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Primer Cuatrimestre: Latín I -no tengo la más remota idea, un compañero me está dando clases de apoyo este verano, porque como cursé el secundario en un industrial* no tengo base-, Lengua Catalana I -no hi ha problema-, Literatura medieval española (!!!), Literatura inglesa desde la edad media hasta la ilustración (!!!) e Introducción a la literatura hispanoamericana (!!!!).
Segundo Cuatrimestre: Latín II, Introducción a la historia del español (!!!), Gramática descriptiva -previsible bodriazo*- y Literatura inglesa desde el romanticismo hasta la actualidad (!!!).
Pinta muy interesante. El verano no arrancó del todo bien, debido a otro intento fallido, más relacionado con polleras* que con proyectos de independencia. Pero todavía queda un mes y medio: la idea es seguir aprovechando el tiempo libre para disfrutar del mar, mis amigos, el cine, la lectura de los clásicos, y sacarme de una vez por todas el registro*. Después, cuando llegue September se supone que la economía se reactiva y hay más posibilidades de trabajo. Supongo que en esa época empezaré a caminar con mis currículums en la mano de nuevo.
Glosario a pedido de j.
Bancar: Aguantar, sostener.
Industrial: Bachillerato técnico.
Bodriazo: Pesado, denso.
Polleras: Dícese de las faldas y de quienes las llevan puestas :-)
Registro: Carnet de conducir.
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Estoy imaginándome otro lugar.
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