Musicalmente

Sei lá, sei lá, só sei que ela está com a razão.
Sei lá, sei lá, só sei que é preciso paixão.
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—El mundo es la suma del pasado y de lo que se desprendió de nosotros— Novalis

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Los cachorros (1967) es una magnífica novela corta de Mario Vargas Llosa. Situada en un barrio de la clase alta limeña, Miraflores, es el relato de la vida de Cuéllar, un chico que debe ser sometido a castración por una irreparable herida proporcionada por un perro. Los cachorros, su grupo de amigos, ven crecer a Cuéllar inmerso en una marginación inevitable, unas exigencias sociales insoportables, una vida mirada desde otra óptica. Vargas Llosa usa en este libro una técnica vanguardista que rompe con las estructuras formales de la narrativa. Al principio es duro soportarla, pero a medida que la lectura avanza, uno siente que la ambigüedad es parte de la confusión y de la riqueza de la novela. Si les gusta Vargas Llosa, esta es una ficción tan bien condensada que debe ser leída, señores.

Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga.
Pedro Páramo(1955) es la obra maestra del escritor mexicano Juan Rulfo. Para mí, el boom latinoamericano le debe muchísimo a él y a esta excelente novela corta. Comala, ese pueblo fantástico y mitológico, bien puede ser cualquier pueblo desolado y perdido en la inmensidad de América, donde la muerte y la vida son acaso un todo inseparable. La búsqueda de un padre desconocido en medio de un desierto urbano, fantasmas arrastrándose por senderos de asfalto y barro, y la incertidumbre a flor de piel todo el tiempo configuran a la que quizás es la obra canónica del realismo mágico. Los saltos cronológicos que emplea Rulfo en este relato son envidiables y claramente influyen en Crónica de una muerte anunciada o Rayuela. En palabras de Borges, quien declaraba no haberse entrenido leyendo a sus contemporáneos, «Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura». Yo le haría caso :-)
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Tom canta Vinicius fue grabado en vivo en Rio de Janeiro hace quince años. Probablemente, sea difícil de superar como homenaje a Vinicius de Moraes.
La melancolía fluye por todo el disco. El violonchelo de Jaques Morelembaum, que luego alcanzaría la fama en Europa tocando con Sting y Caetano, salpica de una lenta cadencia a los samba canción y las bossa nova que Jobim y Vinicius habían escrito en los sesenta y setenta, al mejor estilo Lennon/McCartney como si hubiera una misteriosa analogía con el duo compositor inglés. Su hija, Paula Morelembaum, acompaña brillantemente en las voces al piano y los coros de Tom.
La elección de las obras es exquisita. Tom prefirió relegar los temas comerciales -sólo figuran Garota de Ipanema, Eu sei que vou te amar e Insensatez- y en cambio priorizó esos maravillosos sonetos de Vinicius musicalizados por él -Soneto da Separação, Medo de amar, Poética- y los valsecitos que compusieron juntos -Valsa de Eurídice y Pela Luz dos Olhos Teus.
El punto más alto del disco: La soberbia interpretación de Paula y Tom de Eu Não Existo sem Você:
Assim como viver
Sem ter amor não é viver
Não ha você sem mim
E eu não existo sem você
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«BERNARDA. ¿A qué hora terminaste anoche de hablar?
ANGUSTIAS. A las doce y media.
BERNARDA. ¿Qué cuenta Pepe?
ANGUSTIAS. Yo lo encuentro distraído. Me habla siempre como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta: «Los hombres tenemos nuestras preocupaciones».
BERNARDA. No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.»
Interrumpí mi lectura de la segunda parte del Quijote porque mi amigo José me recomendó un gran libro, que, ateniéndome a su buen gusto, leí con mucho placer. La casa de Bernarda Alba (1936) es la última obra de Fedérico García Lorca publicada en los albores de la guerra que acabaría con su vida e inmortalizaría y mitificaría su obra. También conocida como Drama de mujeres de los pueblos de España, la tragedia está situada en cualquier pueblo andaluz, en la casa de una viuda, Bernarda Alba, y sus cinco hijas. La obra cuenta la historia de las muchachas, las tan populares solteronas, que, por la ética cristiana que regía en esos tiempos, no podían separarse de su madre hasta no conseguir un marido. El tema de la libertad es el eje de la obra. Lorca se sirve de una escena familiar cotidiana y frecuente en su tiempo para atacar duramente a la religión católica y sus dogmas tan impregnados en la sociedad andaluza. Bernarda es el símbolo del autoritarismo y la hipocresía: en el retrato que se hace de ella queda ilustrada la relevancia de la apariencia y del qué dirán. El machismo brillantemente plasmado en la imagen de una mujer que castra a sus cinco hijas en pos de la decencia y las buenas costumbres, hiperbolizando el luto por su marido. Su casa es una cárcel insoportable: Lorca consigue crear un ambiente de tensión aplastante y agobiante. Las hijas son simultáneamente la antítesis y el reflejo de su madre. El personaje de la hija menor, Adela, representa la libertad de una nueva época, la rebeldía que se ríe de las estructuras y de las convenciones, y que enfrenta a la autoridad de frente. Angustias (la elección de los nombres es soberbia) y sus tres hermanas muestran el lado reaccionario que refleja y garantiza la educación impartida por Bernarda. El final es imperdible. Totalmente recomendable.
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